No entiendo nada, y a la vez lo entiendo todo
Miércoles 30 de abril de 2025, 20:33h
Queda poco para Navidad. Las luces de la ciudad reconfortan de forma extraña a un corazón que últimamente está algo confundido. Es una sensación extraña. El mundo que había "creado" o en el que había decidido confiar los últimos dos años se ha caído. Se ha derrumbado, cayendo de forma pesada y rápida, pero a su vez liberadora. Creencias, fe (bendito tesoro) colocada en lugares y personas erróneas, y ciertamente mucha niebla que, cuando te mantienen entretenida mirando al barro, no te permite ver la luz.
Una mano invisible que me guiaba por un lugar extraño, que no acababa de entender.
Hasta que en un momento dado decidí soltar, hasta con rabia.
En el momento que solté esa mano, también se fue la niebla, pero estaba sola en un camino que no entendía. A lo lejos parecía haber más claridad, y yo sabía que para ello tenía que caminar, pero mi cuerpo, cansado y triste, sólo me pedía tumbarse y dejar que la tierra lo sostuviera durante un corto - o largo- periodo de tiempo.
"Sólo quiero descansar, estoy cansada".
Desde pequeña he querido creer en que había algo más grande que nosotros, guiándonos, cuidándonos y acercándonos a lo mejor para cada uno de nosotros. Hoy estoy confundida.
He visto muchas manos sucias por el camino que han intentado tenderme una mano amiga.
Y muchas manos limpias - y amigas - de las que he desconfiado.
¿Quiénes somos? ¿Y qué hacemos aquí?
Un vacío grande.
Un vacío fértil.
Que me susurra: "no me temas, úsame".
Úsame para crear, para investigar, para entender donde se halla tu verdad.
La fertilidad del vacío,
la grandeza del silencio.
