Aceptar lo antes posible
Jueves 5 de junio de 2025, 12:05h
Cuanto antes aceptemos que somos seres cambiantes.
Que vamos a evolucionar, y eso supone vivir versiones de ti diferentes a las que ya se conocen.
Cuanto antes veamos que ese es el único propósito del alma humana.
Crecer, expandirse, experimentar, Ser en esencia. Entenderse y mostrarse como tal.
Entonces encontraremos la paz. En nosotros mismos, y en nuestro entorno.
Cuántas veces nos resistimos a cambiar, a experimentar distintas formas, a probar eso que nos llama la atención pero no hacemos por miedo o desconocimiento. Cuántas veces nos limitamos a nosotros mismos (¡a nosotros mismos!) a pesar de saber bien dentro que no, que ya no es por ahí.
A veces miro alrededor y siento ganas de gritar que se escuchen. No es un grito real, es un grito profundo que viene desde adentro, quizás desde otro lugar. No lo sé.
Hay tantas cosas que siento y no sé.
Que quiero entender y no puedo.
Pero que pasan por mi y se sienten como la verdad más grande del mundo.
Y simplemente sé que es por ahí.
Eso es lo que más caminos me ha abierto.
La escucha. De lo sutil.
A veces leo diarios de hace 10 años y me veía tan perdida... Intentaba entender mi tristeza, alejarme de ella, frenar mi enfado, luchar contra mi rabia. Pero nos olvidamos de que el cuerpo es la herramienta más sabia que tenemos disponible en esta existencia, es nuestra alarma personal, la que nos avisa de que algo ya no es más para ti, de las experiencias que transformarán tu vida y si afinas el oído interno incluso puedes sentir lo que viene en los próximos años para ti.
Si hubiese escuchado ese cuerpo hace 10 años lo cierto es que me habría ahorrado muchos disgustos.
Esa es la gran verdad.
Habría disfrutado más de mi primer amor y habría dejado la mente a un lado.
Habría evitado ciertas caídas, ciertos golpes que aún duelen.
Y lo más importante habría vivido todo de una forma mucho más calmada.
Pero bueno, estaba aprendiendo. Estaba entendiendo. Estaba llegando hasta aquí...
Y si miro arriba, la escalera es todavía mucho más alta, pero miro hacia abajo con cariño, disfruto de las estrellas que tengo a esta altura bien de cerca, y observo con admiración los tramos que aún están por llegar, dejándome maravillar por la vida, su infinita sabiduría y todo lo que, ya sé, se va a revelar.
